miércoles, 25 de julio de 2012

125 ANIVERSARIO DE LA COMPAÑÍA DEL TRANVÍA DE SAN SEBASTIÁN


El pasado 18 de julio se conmemoraba el 125 aniversario del primer servicio de la Compañía del Tranvía de San Sebastián, en la actualidad, una de las más antiguas del sector de los transportes públicos en nuestro país. Lamentablemente, ese día no pude redactar una entrada para celebrar tan destacada efeméride, ya que me encontraba disfrutando unos breves días de vacaciones en Portugal. Ahora, tras mi regreso, quiero dedicar unas breves líneas a la interesante historia de esta empresa aunque, los que deseen conocerla con detalle, pueden descargar el texto de mi tesis doctoral que ha subido a su web la Compañía del Tranvía de San Sebastián:


La Compañía del Tranvía de San Sebastián inició su actividad en 1887 con una pequeña línea que enlazaba las cocheras, situadas al Este de la ciudad, en el barrio de Ategorrieta, con el centro histórico (Plaza Vieja) y la playa de La Concha. Explotada con tracción animal, el servicio pronto se extendió por ambos extremos: por el Este hasta Pasajes y Rentería, por el Oeste hacia los barrios de El Antiguo y Venta Berri.


La explotación de una línea de más de 10 kilómetros de longitud y con notables accidentes geográficos como las duras rampas de La Herrera y Capuchinos, mediante el motor de sangre, planteó notables dificultades por lo que en 1896 el Consejo de Administración de la Compañía decidió sustituir el tiro animal por la tracción eléctrica. La decisión, sobre la que en España solo se contaba con el precedente de Bilbao que, en aquel mismo año inauguró el primer tranvía eléctrico del país, no estuvo exenta de polémica ya que el propio Presidente del Consejo de Administración presentó su dimisión al considerar la decisión prematura.

A diferencia de lo sucedido en muchas otras ciudades españolas, en la que la electrificación de los tranvías supuso la toma del control del servicio por parte de empresas extranjeras, sobre todo belgas, en el caso de los tranvías de San Sebastián la inversión fue afrontada por la Compañía del Tranvía sin que ésta pasara a ser controlada por el capital extranjero. Para ello se contrataron los servicios de la reputada firma suiza Sécheron, que suministró todos los equipos necesarios. De este modo, en agosto de 1897 se iniciaban los primeros servicios con tracción eléctrica en la capital guipuzcoana, lo que la convertía en la segunda ciudad del país en contar con tan importante adelanto tecnológico, antes incluso que Madrid o Barcelona.



Tras superar las dificultades iniciales que supuso el radical paso del motor de sangre al eléctrico, la Compañía del Tranvía inició un proceso de expansión de sus servicios con la creación de diversas líneas urbanas. La primera, para comunicar la estación y el barrio de Amara con el centro de la ciudad, que fue seguida por el establecimiento de servicios a la estación del Norte, al funicular de Igueldo o al barrio de Gros. Además, en las primeras décadas del siglo XX se implantó la doble vía en toda la red y proliferaron en la capital guipuzcoana otros servicios tranviarios como la línea de San Sebastián a Tolosa, así como ferrocarriles que se convirtieron en interesantes predecesores de los actuales tren/tram: el ferrocarril del Monte Ulía, el de Hernani y el que comunica San Sebastián con la frontera francesa, el popular "Topo.

Esta fase de expansión de los servicios exigió importantes inversiones y, por consiguiente, incrementó el endeudamiento de la Compañía hasta el punto de poner en riesgo su propia viabilidad económica. Para enderezar el rumbo de la empresa, a partir de los años veinte se restringieron al máximo las inversiones de modernización y mejora lo que, por una parte, permitió mejorar notablemente los resultados empresariales, con dividendos que llegaron a alcanzar el 10% de interés, pero que, por otra, contribuyeron a ofrecer una imagen del tranvía anticuada y poco atractiva.

Como consecuencia de esa imagen poco dinámica, tras la Guerra Civil, el Ayuntamiento de San Sebastián presionó a la Compañía del Tranvía para que sustituyese sus servicios por otros de trolebuses. Los propios rectores de la empresa eran conscientes que el nuevo sistema de transporte no sería tan rentable como el anterior pero no tenían otra opción ya que las concesiones que disfrutaban estaban próximas a caducar y la única alternativa para su renovación era la de atender las demandas del consistorio. De este modo, entre gestionar un negocio mediocre o perderlo en su totalidad, actuaron con gran pragmatismo y aceptaron las condiciones municipales. En consecuencia, en junio de 1948 se inauguraban los primeros servicios de trolebuses y, en 1952 se culminó la sustitución. Seis años más tarde se suprimió el último servicio de tranvías entre las cocheras de Ategorrieta y La Herrera, tramo que en principio se había mantenido en activo al circular por una explanación propia que no fue aprovechada por los trolebuses.

En España, el trolebús fue hijo de la autarquía y, una vez abandonados sus postulados económicos, nadie se molestó en fomentar este interesante sistema de transporte que no genera emisiones contaminantes y que ofrece mejores prestaciones que el autobús, sobre todo en líneas accidentadas. Por el contrario, el propio gobierno favoreció su sustitución con la prórroga automática de las concesiones si éstas eran reemplazadas por autobuses. En consecuencia, a partir de 1966, año en que se suprimieron los de Madrid, España experimentó una rápida regresión del trolebús que concluyó en 1989 con la clausura de los de Pontevedra.

San Sebastián no fue ajena a este proceso, ya que la explotación de los trolebuses resultaba más cara que la de los autobuses diesel. El combustible de estos últimos resultaba más barato y, además, no era necesario mantener el complejo entramado de líneas aéreas de alimentación. Además, los vehículos disponibles en San Sebastián, de origen británico, no se adaptaban al servicio con agente único, con el consiguiente aumento de gasto que suponía la presencia de cobradores en los vehículos. En consecuencia, a partir de 1968 se suprimió este medio de transporte que, en diciembre de 1973, desapareció definitivamente de las calles de la capital guipuzcoana.

Desde 1973, la Compañía del Tranvía de San Sebastián cuenta exclusivamente con autobuses para la prestación de sus servicios. Pese a la mayor economía de su explotación, la empresa no pudo superar la grave sangría de viajeros que registró en los años setenta como consecuencia de numerosos factores como la creciente motorización individual, el cambio de costumbres sociales y la grave conflictividad social que vivió el País Vasco en aquellos años y que tuvo inmediatas consecuencias sobre la normal prestación del servicio. El exponente más grave fue el de la línea de San Sebastián a Rentería que, en poco más de seis años, pasó de transportar 15 millones de viajeros a tan sólo 5.


Ante esta coyuntura, el Ayuntamiento de San Sebastián decició, en 1981, adquirir la totalidad de las acciones de la Compañía del Tranvía para convertirla en una empresa municipal. Pocos años después, en 1990, cedía sus líneas a Rentería a otros concesionarios para centrar sus esfuerzos en la modernización y mejora de los servicios urbanos.

En la actualidad, la Compañía del Tranvía de San Sebastián, con cerca de treinta millones de viajeros al año, registra uno de los mejores ratios de utilización del transporte urbano de toda Europa, fruto de los contínuos esfuerzos para la modernización, ampliación y mejora de sus servicios pero, también, como consecuencia de sus 125 años de inninterrumpida presencia en las calles de la capital guipuzcoana, lo que la ha convertido en parte inseparable del paisaje y de la vida cotidiana de los donostiarras.

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